lunes, 27 de octubre de 2008

Elecciones. Tercera Parte. El Cambio.

Casi todo el mundo que tiene un poco del menos común de los sentidos le teme a los fantasmas. Y si se trata de aquel fantasma que amenazó con recorrer el mundo hace 160 años según anunciaran Federico y Carlitos, los chicos traviesos de la Liga, la carne se pone de gallina. El fantasma no recorrió el mundo, pero por poco lo destimbala. Es así que cuando algo tiene el tinte populista que promete cambios, repartición de riquezas y “justicia social”, provoca suspicacias y miedos. Cuando comenzaron las primarias, el Senador Obama pidió que la gente votara respondiendo a sus sueños, no a sus miedos. La retórica de campaña adquirió tintes que dejaban a más de un exilado cubano tiritando. Recordando otro discurso cargado de promesas que cincuenta años después, aún en coma, sigue andante. Pero el asunto es más complejo.
Las naciones son diferentes y la historia también.
Ciertamente la acción de grupos de interés, el efecto de los lobbies y sus contribuciones a la gestión de los “oficiales electos” puede recordar un poco la corrupción administrativa de la época republicana en la islita. Ciertamente el modelo liberal acaba de estremecerse con consecuencias aún difíciles de predecir en su totalidad. (Algunos afirman que es una crisis natural, que sucede cada cien (¿?) años, de la que el sistema saldrá vivo, fuerte y mejorado). Ciertamente no hayamos envueltos en una guerra, desatada bajo presupuestos falsos, para tumbar un régimen que habíamos ayudado a instaurar y sustituirlo por otro que nos parece mejor a nosotros, no necesariamente a los habitantes de ese otro país. Ciertamente el asunto de los seguros de salud, el alto costo de las medicinas, la especulación rampante con los precios del petróleo, el desempleo creciente, la crisis hipotecaria, etc., parecen convertir el sueño americano en pesadilla generalizada. Ciertamente parece que hace falta un cambio que nada tiene que ver con el fantasmón de 1848. (continuará)

1 comentario:

A.T. dijo...

Mayeya, hace falta un cambio. El fantasma de 1848 es un invento.